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José M.
José M., Abogado ejerciente
Categoría: Herencias
Clientes satisfechos: 5867
Experiencia:  ABOGADO ICA BURGOS
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José M. está en línea ahora

En una donación pura y perfecta el donatario, presente en el

Pregunta del cliente:

En una donación pura y perfecta el donatario, presente en el acto y conocedor de la situación, no informa al notario de que no es verdad que a la donante le queden bienes suficientes para atender sus necesidades, como dice el notario en la escritura que ésta manifiesta.(según la donante (90 años y enferma) ésto no se lo preguntaron) y además no es verdad ya que con una pensión de 631€ y unos rendimientos de capital de 25€ mensuales debe afrontar 500€ de la cuidadora ya que vive sola, 200 de promedio de gastos de la casa, electricidad, gas, agua, etc. y 200 más aprox. de cesta de la compra. ¿este ocultamiento de la verdad además de otras manifestaciones de ingratitud ya que no colabora en su mantenimiento sinó que pretende reducir el 50% de las horas de la cuidadora puede ser causa de revocación de la donación como pretende ahora (a los tres meses de la escritura) la donante? ¿tiene posibilidades de éxito?
Enviada: hace 3 año.
Categoría: Herencias
Experto:  José M. escribió hace 3 año.

José M. :

Bienvenido, le atiende José M, abogado ejerciente del ICA Burgos, ruego unos minutos para preparar su consulta, Puede escribir en todo momento.

José M. :

El código civil en los art 644 y siguientes nos habla de las causas por las que una donación puede ser revocada

José M. :

De las causas legalmente tasadas sólo nos podemos acoger al punto tercero del 648

José M. :

Artículo 648


También podrá ser revocada la donación, a instancia del donante, por causa de ingratitud en los casos siguientes:



  • 3.º Si le niega indebidamente los alimentos.


José M. :

Ir contra lo manifestado por el notario lo considero sin visos de éxito

José M. :

Y las posibilidades de éxito por la vía que le comento radican en que realmente la donante lo necesite para susustento vital y el donatario lo denegase

José M. :

Ud habla de una cuidadora, y reducir su tiemp a la mitad, quedaríamos a la expensa de que en juicio podamos acreditar la necesidad vital de esa persona y que no sea sólo una mejora para la calidad de vida de la donante

José M. :

Por otro lado, hay que analizar el nexo familiar entre donante y donatario, dado que si es hijo/a tiene una obligación de alimentos, cuya inobservancia puede también ser considerada ingratitud y hacer que la donación sea susceptible de revocación

José M. :

Así lo entiende la jurisprudencia, le dejo un ejemplo. Pero hay que probar que el hijo se desentiende de dar esos alimentos

José M. :

AP Baleares, Sec. 4.ª, 332/2011, de 14 de octubre

Recurso 126/2011. Ponente: MIGUEL ALVARO ARTOLA FERNANDEZ.



EXTRACTOS

Revocación de la donación ante el incumplimiento de la donataria de su obligación de cuidar de sus padres que eran los donantes


"... debe tenerse además presente que la indisposición entre las partes parece haber surgido hace unos siete años (no se niega propiamente en la demanda, se admite por la demandada y no se cuestiona tampoco en la alzada por la parte apelada que la demandada no visita a sus padres desde dichas fechas -salvo el episodio hospitalario y el puntual de presentación de una nieta-, pese a ser ello referido en la sentencia y reiterado por la apelante), habiendo abonado tal indisposición una denuncia penal -de la que obra en autos una parte aportada por la demandada-, derivándose de la declaraciones de ésta que tal problema surgió a raíz de un enfrentamiento con el hermano de la demandada y con la madre, por no ser ésta afín al marido de la demandada. Pero todo indica que el origen del problema, o, al menos una de sus principales manifestaciones, surge sobre la base del inmueble rústico, no afectado por la donación condicional, en el que la hoy demandada y su marido realizaron una serie de obras que, según dice en la contestación, explotan ahora sus padres al haberlas arrendado a unos alemanes; pero lo cierto es que en tal conflicto tampoco están claras las razones de la demandada, pues el usufructo de esa finca lo mantenía el padre. Así las cosas, y si bien tal enfrentamiento, en la medida en que llegó a los Juzgados, puede justificar un distanciamiento entre las familias, lo que no justificaba jurídicamente, desde luego, era una exoneración de la demandada respecto del cumplimiento de las obligaciones modales que, con carácter legal, no familiar ni moral, le obligaban en orden "... asistir y cuidar a su padre donante, en el supuesto de que la edad avanzada del mismo o su estado de salud lo requiriera, ...", así como de " ...cuidar y servir a sus padres donantes durante toda la vida de los mismos, por parte iguales. ". Obligaciones de cuyo cumplimiento por la demandada, por la indisposición o sin ella, lo cierto es que no obra traza alguna destacable en autos, a lo más una visita hospitalaria impropia de ser considerada cumplimiento, al no ir acompañada de más atenciones. Así como tampoco obra en autos prueba alguna de cualquier buena disposición de la demandada en orden al adecuado cumplimiento de una obligación que, por su propia naturaleza, requería precisamente de unas atenciones especiales, sobre todo al paso de los años, siendo los actores personas ya ancianas, pues cuentan hoy con 86 años el padre y 81 años de edad la madre. Todo lo cual muestra que, pese a su ancianidad, la demandada no acredita atención con sus padres, y no ya en estos últimos 7 años, en los que ni siquiera se comunica con ellos (teniendo a gala, no obstante, estar al día de su situación a través de los parientes), sino que tampoco se prueba que antes se hubiera procedido a llevanza alguna de tales atenciones, pese a que fueron comprometidas en las donaciones otorgadas.

Finalmente, dice también la sentencia al folio 5 y 6, que " Por lo demás, está claro que la acritud no deriva del incumplimiento de las cargas puesto que éste es posterior a las primeras manifestaciones de la discordia (por ejemplo, la ya aludida expulsión del inmueble) ", pero lo cierto es que en la fecha en que se produjeron las denuncias (año 2003), el padre contaba ya con 78 años y la madre con 73, de modo que era ya momento para que los padres merecieran los cuidados y servicios que, como donantes y durante toda su vida (especialmente, por tanto, en su vejez) tenían comprometidos por su hija al aceptar la donación. Por lo que tampoco es atendible tal razón de la sentencia, relativa a que la acritud de los padres no pudiera traer razón del propio incumplimiento de las cargas, o, cuando menos, de la mala disposición de la hija para tal cumplimiento. Considerando la Sala que el principio de distribución de la carga de la prueba conduce a conclusión distinta de la alcanzada en la sentencia, por cuanto que, probadas por los actores las donaciones, el carácter oneroso de éstas y la llamada a la demandada para el cumplimiento del modo, el cual, por otro lado, en la medida en que en todas las donaciones quedaba incluido el cuidado de los donantes durante la vejez, por lo que no requería de especiales requerimientos por parte de estos para el cumplimiento -sobre todo al alcanzar la ancianidad-, era la demandada la que debió acreditar una intención favorable al cumplimiento de sus obligaciones y una imposibilidad inequívoca de llevarlas a cabo. Cuando es evidente que, por el contrario, en las dos ocasiones que se le presentaron y obran analizadas en autos, su voluntad no sólo no fue clara en tal sentido, sino que todo evidencia precisamente lo contrario. Y, desde luego, al margen de esos dos supuestos y como dice finalmente la propia sentencia de instancia en el Fundamento Jurídico último, no se dispone de pruebas de la insistencia por parte de la hija en el cumplimiento de sus deberes contractuales. Los cuales, se reitera por la Sala, exigían una disponibilidad y compromisos por encima incluso de los deberes propios de un buen hijo, de los que los autos no dan prueba alguna.

Por lo tanto, probada la donación modal y estando acreditado el incumplimiento del modo, pues se justifica en autos la desatención en la enfermedad de los donantes (tampoco atendió la demandada a su madre tras ser operada ésta de los ojos), y, desde luego, en la vejez de estos, lo que cubre la responsabilidad probatoria actora ex art. 217.2 LEC , y habida cuenta de que no cumplimenta la demandada su pretensión de que su notoria falta de atención a los padres, no ya en cuanto tales, sino en cuanto donantes modales de una serie de inmuebles, tuviera cumplida excusa en una negativa de estos a ser por ella atendidos, como hubiera correspondido ex art. 217.3 LEC , ello conduce a la revocación de la sentencia y a la estimación de la demanda ex artículo 647 del Código Civil . ..."


ANTECEDENTES DE HECHO


PRIMERO.- La sentencia dictada por el Ilmo. Sr. Magistrado-Juez del Juzgado de Primera Instancia número 22 de Palma en fecha 18 de octubre de 2010 en los autos de juicio ordinario en ejercicio de acción de revocación de donaciones, seguidos con el número 596/10, de los que trae causa el presente rollo de apelación, acordó en su Fallo lo que literalmente se transcribirá:

"Que, desestimando la demanda, debo absolver y absuelvo a la demandada de los pedimentos contra ella formulados. Cada parte pechará con las costas causadas a su instancia más la mitad de las comunes."

SEGUNDO.- Contra la anterior resolución se interpuso recurso de apelación en plazo y forma, el cual correspondió a esta Sección Cuarta de la Audiencia Provincial de Baleares. Dicho recurso fue instado por la representación procesal de la parte señalada en el encabezamiento como apelante, oponiéndose la contraparte; todo ello en base a las alegaciones que se resumirán en el Fundamento jurídico primero de la presente resolución.

ÚLTIMO.- No siendo propuesta prueba en esta fase de apelación por ninguna de las partes del litigio, se siguió el recurso con arreglo a los trámites previstos en la Ley de Enjuiciamiento Civil, quedando el rollo de apelación concluso para dictar sentencia en esta alzada.


FUNDAMENTOS DE DERECHO


No se aceptan los fundamentos jurídicos de la sentencia apelada en lo que es objeto del recurso, en lo que se opongan a los que se dirán.

PRIMERO.- En la demanda instauradora del presente litigio, la parte actora, integrada por Don Javier y Doña Inés , ejercitaban acción contra su hija, Doña Salome , relativa a juicio ordinario, en la que, tras explicar que el 21 de enero de 1984 Don Javier donó a su hija, hoy demandada, Doña Salome , junto con otro bien inmueble, la nuda propiedad de una finca sita en Felanitx, y el 18 de diciembre de 1985 sometió dicha donación " a la condición consistente (...) en la obligación de la donataria de asistir y cuidar a su padre donante, en el supuesto de que la edad avanzada del mismo o su estado de salud lo requiera "; y que el 23 de febrero de 1995, nuevamente Don Javier , si bien esta vez junto con su esposa, Doña Inés , donaron a su hija Doña Salome la nuda propiedad de otros bienes inmuebles, obligándose los donatarios (también lo era Don Jesus Miguel , hermano de la demandada, si bien de otras fincas distintas) " a cuidar y servir a sus padres donantes durante toda la vida de los mismos, por partes iguales "; a través del presente procedimiento, los actores propugnan la revocación de las referidas donaciones por haber incumplido la donataria, Doña Salome , las cargas que se le habían impuesto, y ello sobre la base del art. 647 del Código Civil (" La donación será revocada a instancia del donante, cuando el donatario haya dejado de cumplir alguna de las condiciones que aquél le impuso..." ). Opuesta la parte demandada a las pretensiones actoras, una vez practicada la prueba, consistente en documental, interrogatorio de las partes y de testigos, recayó sentencia en primera instancia en la que se consideró (sobre la base de los pretendidos incumplimientos siguientes: A. En una ocasión, Doña Inés llamó por teléfono a Doña Salome para comunicarle que su padre estaba aquejado de una crisis de vértigo y le pidió que acudiera para cuidarle, a lo que la hija se negó por no dar crédito a lo que le indicaba su madre; B. En otra ocasión, estando Don Javier ingresado en un hospital durante varios días, sólo recibió una visita de la demandada y de escasa duración; y C. Desde hace siete u ocho años, Doña Salome viene desentendiéndose de sus padres hasta el extremo de que ni tan siquiera les visita) que, una vez analizada la prueba, de la misma se derivaba que no hubo crisis de vértigo por parte del padre, y que eran los demandantes quienes no querían nada de la demandada, ni siquiera su ayuda. No obstante ello, en sede de pronunciamiento en costas, la misma sentencia de instancia sostuvo claras dudas sobre el eje del debate, al afirmar que: " ...no está muy clara la actitud de la hija a este respecto. En realidad, la postura de rechazo adoptada por los padres impide apreciar si la hija realmente tenía intención de prestar el cuidado, servicio y asistencia con el que se la había gravado... ", concluyendo que tampoco se dispone de pruebas de una especial insistencia por parte de la hija, se entiende en orden al auxilio de los padres. En cualquier caso, la sentencia desestimó la demanda, sin hacer pronunciamiento en costas.

Frente a dicha resolución se interpuso recurso de apelación por la representación procesal de D. Javier y Dª Inés , el cual se fundó en las alegaciones que seguidamente se resumirán: La conclusión jurídica que extrae el juzgador no puede ser acogida en forma alguna, puesto que implica que ante cualquier donación modal en la cuál el modo sea prestar unos cuidados o asistencia, el donatario quedaría exonerado de cumplir su obligación si tiene una mala relación con el donante sea provocada por él o por el donante, debiendo el donante cumplir con su parte del contrato (la donación) pese a la mala relación existente pero quedando exonerado el donatario de cumplir el modo precisamente debido a dicha mala relación existente entre las partes. Si existe mala relación entre actores y demandada ello no puede implicar jamás que la demandada quede exonerada de cumplir con su obligación. Se trata de una obligación jurídica, que no moral, y como contrapartida de la cuál la donataria ha recibido la nuda propiedad de una serie de fincas, transmisión que tiene su fundamento precisamente en la condición que se obliga a cumplir la donataria. Únicamente cabría aceptar la argumentación que se realiza en la sentencia recurrida en el caso de que mis mandantes se hubieran NEGADO en forma expresa y reiterada a ser servidos y cuidados. De la prueba practicada en autos no resulta acreditado en forma alguna que mis mandantes se hayan negado a recibir la asistencia y cuidados de la demandada. Ninguno de los testigos ha manifestado haber presenciado como mis mandante se negaban a recibir los cuidados de la donataria. Al contrario, la propia demandada ha reconocido (y así se recoge en la sentencia recurrida) que la Sra. Inés la llamó para decirle que el Sr. Javier tenía vértigos y que precisaban que fuera a la vivienda familiar para cuidar a su padre. Es decir, fue requerida EXPRESAMENTE para cumplir la condición impuesta, por lo que mal puede pretenderse que mis mandantes se hayan negado a ser servidos y cuidados cuando ellos mismos solicitaron la asistencia. El hecho de que mis mandantes no hayan solicitado nuevamente de forma expresa más cuidados y asistencia tras la primera negativa de la demandada a asistir y cuidar a su padre tras ser requerida para ello expresamente, no implica que se hayan negado a recibir la asistencia y cuidados, sino que no volvieron a solicitarlos expresamente ante la negativa de la demandada a cumplir con la condición impuesta cuando fue requerida al efecto. La sentencia recurrida se refiere asimismo al episodio de lo vértigos padecidos por el Sr. Jesus Miguel , recogiéndose que habiéndose acreditado que la Sra. Inés llamó a la demandada solicitándole que acudiera a asistirles y a cuidar a su padre por hallarse el mismo aquejado de fuertes vértigos y hallándose asimismo acreditado que la demandada se negó a acudir y a prestar la asistencia a sus padres, de ser ciertos los vértigos, debería entenderse acreditado que la demandada incumplió con la condición y en consecuencia deberían revocarse las donaciones. Seguidamente el juzgador recoge que no puede entenderse acreditada la realidad del episodio de los vértigos, por lo que no habiéndose acreditado la realidad de los vértigos no puede entenderse incumplida la condición por parte de la donataria. Entendemos que yerra el juzgador tanto en el análisis de la prueba practicada como en las conclusiones que extrae de los hechos que entiende acreditados. Lo que sí que está perfectamente acreditado y así se recoge en la sentencia recurrida es que la actora Sra. Inés llamó a Dña. Salome y le solicitó que acudiera al domicilio de los actores para asistir y cuidar a su padre que se hallaba aquejado de fuertes vértigos. Ante dicho requerimiento, Dña. Salome optó por no atender al requerimiento efectuado por la Sra. Inés , no acudiendo ni tan siquiera al domicilio de sus padres para interesarse por el estado de salud de su padre, manifestando para justificar su negativa que su padre no estaba enfermo por habérselo así comentado una prima por lo que no acudiría a asistirle. En la sentencia recurrida se cae en la misma confusión en que incurre la contraparte, al considerar que únicamente debe la demandada cuidar a sus padres en los supuestos de enfermedad grave de éstos que les impida para valerse por si mismos, estableciendo así una serie de condicionantes y limitaciones que no resultan de la escritura de donación. Según resulta de las escrituras de donación suscritas por las partes, en la donación efectuada en 1985 se acuerda como condición prestar hacerse cargo del cuidado del padre en caso de enfermedad o que el estado de éste lo requiera. En la escritura del año 1995 la donataria se obliga a servir y cuidar a sus padres sin condicionante o limitación alguna. Debe servirlos y cuidarlos en todo caso. No se pacta en la escritura de 1995 cuidados y asistencia únicamente para caso de necesidad o enfermedad de los donatarios, sino que se pacta que dichos cuidados y asistencia debe ser prestada en todo caso por la donataria. Las alegaciones realizadas en los hechos anteriores son reproducibles asimismo en relación al episodio del ingreso hospitalario del Sr. Javier . Según manifestó la testigo Dña. Valentina , la demandada tuvo cumplido conocimiento del ingreso hospitalario de su padre el mismo día del ingreso, puesto que ese día la llamó a ella y ya sabía que su padre estaba ingresado en el hospital. Ello concuerda con lo manifestado por la testigo Sra. Candida , compañera de habitación del Sr. Javier , quien manifestó que al cabo de 2-3 días desde el ingreso llamó Dña. Salome para confirmar que su padre se hallaba ingresado y preguntar si estaba su madre, acudiendo a visitarlo por espacio de 5 minutos el día antes de recibir el alta hospitalaria. La gravedad de la enfermedad del Sr. Javier es del todo irrelevante y ninguna referencia a la gravedad de la enfermedad se hace en la escritura de 1985 (en la de 1995 ni siquiera se hace referencia a enfermedad siendo obligación de la demandada asistir a sus padres siempre) por lo que no hay motivo alguno para introducir dicho elemento que no fue pactado por las partes. Sin perjuicio de ello, entendemos que lo mínimo que debe exigirse a la demandada es que cuando la enfermedad implica un ingreso hospitalario de una semana, deba acudir a ayudar a su madre y a su hermano en el cuidado de su padre, puesto que de lo contrario, ¿cuándo nace la obligación de la Sra. Salome , únicamente en caso de enfermedad terminal del actor? Es D. Inés , el otro donatario quien nos ofrece cuál es el módulo de comparación de los servicios y cuidados que se esperaba que llevara a cabo la demandada: acompaña a sus padres a donde es menester (médico en Palma, Manacor, Felanitx, mercado etc...) limpia la vivienda, hace la comida a sus padres, ayuda a su padre en el campo y en caso de enfermedad está junto a sus padres por si precisan cualquier cosa. No es ciertamente un reparto por mitades como se estableció en la escritura del 95. El hecho de que la Sra. Inés y Jesus Miguel no pernoctaran con su padre es debido a que estaban todo el día con él y no podían quedarse de noche puesto que al día siguiente debían volver a acudir todo el día al hospital. Si la demandada hubiera querido cumplir y evitar encontrarse con su madre por resultarle ello incómodo, la solución era muy sencilla para ella, podía (y debía) haber acudido a cuidar a su padre por la noche cuando no había nadie al cuidado del actor y cuando la Sra. Inés estaba en su casa, por lo que no tenía porque sentirse incómoda con nadie. En cuanto a la negativa de mis mandantes a recibir los cuidados y asistencia por parte de la demandada es sumamente relevante el contenido de los requerimientos efectuados y especialmente la contestación que a los mismos da la demandada. Al efecto de revocar las donaciones efectuadas, mis mandantes han realizado un total de tres requerimientos en los años 2004, 2007 y 2010. Es decir, todos ellos posteriores a la última visita de Dña. Salome a sus padres. Dña. Salome se opone a los dos primeros aduciendo que no ha nacido el modo puesto que el padre, D. Javier no ha estado enfermo. No manifiesta en ningún momento que no haya cumplido la condición por habérselo impedido los donantes, y ello pese a que los dos requerimientos son posteriores a la última visita de la demandada y por tanto a la última vez en que mis mandantes hubieron podido negarse a recibir los cuidados. Es con motivo de contestar al tercer requerimiento cuando la demandada reconoce que no cumple, y manifiesta que ello es porque los donatarios no le dejan. El cambio de versión operado en la contestación a los diversos requerimientos tiene como único fundamento tratar de salvar las donaciones del 95 de alguna forma, puesto que si bien en cuanto a las donaciones del 85 la donataria podía escudarse en una falta de nacimiento del modo para no prestar asistencia a su padre, en cuanto a las donaciones del 95 ello es del todo imposible por no ir las mismas vinculadas a un estado de necesidad o enfermedad, optando en consecuencia la demandada por introducir la negativa de los actores a recibir los cuidados como causa del incumplimiento de la condición que ya se reconoce abiertamente. De la prueba practicada no resulta acreditado en forma alguna que los donantes impidan a la donataria el cumplimiento de la condición. De hecho la propia donataria reconoció que hace más de siete años que no acude a visitar a sus padres, y obra acreditado en autos y así se recoge en la sentencia, que los actores cuando el Sr. Javier ha estado enfermo no han tenido impedimento alguno en permitir a la demandada visitarlo, e incluso en una ocasión solicitaron su asistencia, negándose Dña. Salome a prestarla.

En su virtud, la parte apelante terminó suplicando que se dicte sentencia de conformidad con lo solicitado en el escrito de demanda, imponiendo las costas causadas en primera instancia a la demandada.

La representación procesal de la parte apelada, Dª Salome , se opuso a los motivos del recurso en base a las alegaciones que seguidamente se resumirán: Es evidente, tal como recoge la Sentencia recurrida, que las relaciones entre los actores, y su hijo Jesus Miguel , con la demandada, la otra hija del matrimonio, Salome , son malas. También quedó meridianamente claro que la causa de dicha mala relación de éstos con su hija y hermana es la actitud que los progenitores tienen y han tenido para con su hija, así es evidente que con el tiempo se ha ido produciendo un claro deterioro de las relaciones paterno-filiales, eso lo corroboran tanto las respuestas de los padres al interrogatorio, como las del único hermano de la demandada, así como las de los hijos de la demandada y nietos de los actores. Los testigos, primos de la demandada y sobrinos de los actores, dos de ellos vecinos directos de la vivienda de los actores, y la tercera vecina de la finca en la que tienen sus animales, han manifestado de manera clara y elocuente, al igual que los nietos de los actores que, la demandada, en ningún momento se ha desentendido de sus padres, antes bien, a la vista de la negativa de éstos a atender sus llamadas telefónicas, de recibirla en su casa, o simplemente de informarle de su estado de salud, la demandada viene llamando periódicamente a sus primos y tíos, con el fin de recabar información puntual del estado de salud de sus padres, y todos ellos les llaman cuando se enteran de algo que pueda afectarles. Por tanto hace un seguimiento puntual del estado de salud de sus padres y de las eventuales necesidades de atención de éstos, y si no les visita, es sencillamente porque éstos la sacaron fuera de su casa con la ayuda de la Guardia Civil y denuncias penales totalmente falsas y absurdas y, además, porque, como ha reconocido su madre, se niegan a abrirle la puerta de la casa, y no atienden sus llamadas telefónicas, etc., etc. No existe una negación de prestación de servicios y cumplimiento de las obligaciones derivadas de ambas donaciones, antes bien, lo que existe es una negativa clara a ser atendidos por la hija demandada. Cuando esta parte le pregunta a la actora Sra. Inés si es cierto que no quiere ser atendida por su hija, esta evita contestar esta pregunta con la afirmación "aixó jo no ho he dit mai", no lo habrá dicho pero lo ha expresado de modo contundente con su actitud. EPISODIO VÉRTIGOS. Se denuncia por la parte actora que mi principal no quiso atender a su padre en razón a un episodio de vértigos. Que los vértigos le atacaron sobre las 11:00 de la mañana, y que a primera hora de ese día, sólo había ido a sacar la basura, que ni antes ni después hizo nada más. De dicha enfermedad, que alegan aquejó al actor Javier , y a pesar de manifestar haber recibido atención médica, no se aporta ni un solo justificante médico de dicha atención, ni receta de medicamento, ni copia de la prescripción facultativa. INGRESO HOSPITALARIO. Dice la actora, madre de la demandada Da. Inés , que avisó a su hija del ingreso hospitalario de su padre, después dice que ella no, que lo dijo a una hermana suya que se lo dijera, y al final es que la demandada se enteró porque un vecino se dio cuenta del ingreso hospitalario de su padre y lo comunicó a la familia quien a su vez se lo comunicó a la hija. Este ingreso hospitalario demuestra como funciona el sistema de avisos de la hija respecto de la evolución de los padres, es decir desde los primeros días en que algo aqueja a sus padres es debidamente informada de la circunstancia, y no por ellos ni por su hermano precisamente. La hija acudió, obtuvo información de una doctora del hospital de Manacor amiga suya, quien le informó que el ingreso de su padre no era por nada grave, lo cual viene corroborado por el hecho de que ni su hermano, ni su madre pernoctaban en el hospital, lo cual demuestra, tal como recoge la sentencia recurrida, que su padre no precisaba de cuidados especiales y que con los sistemas del hospital estaba suficientemente atendido. La testigo Salome , dice en que le llamó la demandada "con una pena que no podía diciéndole que habían ingresado a su padre en el hospital y que no le habían avisado" (vide secuencia del juicio en 1 h. 36 minutos). Por su parte el actor Salome manifiesta que la hija le llamó varias veces para pedirle como estaba y si estaba su esposa para poder ir ella a visitarle y estar con él, por tanto, a pesar de no haber sido notificada del ingreso hospitalario de su padre, la hija se preocupa por él, solicita información de cuál es el causa de su ingreso, realiza llamadas telefónicas de seguimiento visita a su padre, y posteriormente a la vista de la hija, sus hijos, nietos de los actores, van también a visitar a su abuelo. Manifiestan los actores que la demandada acudió a visitar a su padre el último día de su estancia hospitalaria. Esto contradice radicalmente lo manifestado tanto por la demandada, cuanto por los nietos, quienes visitaron a su abuelo después de la visita de su madre. Si su madre le hubiera visitado el último día de hospitalización los nietos no habrían tenido oportunidad de visitarle después de la visita de su madre. La hostilidad de la madre hacia la hija durante la visita a su padre en el hospital, como demuestra el hecho de que no cruzaran palabra ni siquiera se saludaran, y las miradas agresivas que dirigía a su hija, hace pensar que para el enfermo, y para todos, era mejor que la visita no se alargara demasiado en el tiempo, tal como recoge la Sentencia recurrida. MALA FE DE LOS ACTORES. Así como el episodio de vértigos es una pura falacia, el ingreso hospitalario es cierto, pero en este caso, ni los progenitores de la demandada ni el hermano le comunican en modo alguno que su padre vaya a ser hospitalizado, en consecuencia no existe la comunicación del nacimiento de la obligación de asistencia, simplemente porque no quieren esa asistencia y buscan causas para poder revocar la donación. Por tanto estamos ante un claro caso de obstrucción a la prestación de una de las partes por parte de la otra, y después de esa manifiesta obstrucción trata de obtener la revocación de la donación alegando el incumplimiento que su propia obstrucción a la prestación provoca. Lo mismo cabe predicar de la operación de cataratas, de la que la hija tuvo conocimiento por terceros, y de los acompañamientos al médico sobre los que nunca se comunica a la hija ni el día ni la hora en que deben acudir al médico. Tanto los actores como el hermano de la demandada, han repetido hasta la saciedad que ellos no han llamado nunca a la demandada para comunicarle cualquier necesidad. Por tanto la necesidad no ha surgido, y de haber surgido, no solo no ha sido comunicada, sino que ha sido decidida y expresamente ocultada a la demandada con el objeto de que no pudiera cumplir su prestación y de este modo advocar el incumplimiento de la misma para obtener la revocación de las donaciones.

Por todo ello, la parte apelada terminó suplicando que se dicte sentencia por la que se desestime íntegramente el recurso de apelación interpuesto por la parte actora, con expresa imposición de costas.

SEGUNDO.- Entrando ya a resolver los motivos del recurso de apelación, cabe comenzar centrando el tema de debate recordando que el procedimiento se inicia en virtud de demanda fundada en el artículo 647 del Código Civil , estando dirigida a obtener la revocación de las donaciones efectuadas por D. Javier y Dña. Inés a Dña. Salome , por incumplimiento de las obligaciones impuestas a ésta; siendo la primera donación realizada por el Sr. Javier en virtud de las escrituras de 21 de enero de 1984 y 18 de diciembre de 1985, contrayendo la demandada, como condición de dicha donación de nuda propiedad y respecto de la finca urbana inscrita al tomo NUM000 , libro NUM001 , folio NUM002 , finca NUM003 , la obligación siguiente: " ...de asistir y cuidar a su padre donante, en el supuesto de que la edad avanzada del mismo o su estado de salud lo requiriera,..."; y otorgándose las demás donaciones en virtud de la escritura pública de 23 de febrero de 1995, en la que ambos actores donaron a la demandada la nuda propiedad de diversos bienes inmuebles, concretamente las fincas rústicas sitas en el término municipal de Felanitx e inscritas como registrales números NUM004 , NUM005 , NUM006 y NUM007 obligándose la donataria, así como su hermano, también donatario de otra finca, la registral NUM008 , a: " ...cuidar y servir a sus padres donantes durante toda la vida de los mismos, por parte iguales. ". No obstante, la donación de la finca registral nº NUM006 , conocida como " DIRECCION000 ", queda fuera del litigio pues, tal y como se indica en el hecho primero de la demanda, al que se remite el suplico, fue enajenada antes de la demanda (en el año 2001), a lo que se hizo también alusión en el acto de la audiencia previa en orden a contestar a la excepción de litisconsorcio pasivo necesario.

La sentencia recurrida acuerda desestimar la demanda interpuesta por considerar que, si bien es cierto que la demandada no ha cumplido las condiciones que le fueron impuestas, sin embargo, en la consideración del Magistrado-Juez de instancia ello no fue debido a su negativa a cumplir las mismas, sino a que se lo impedía la animadversión de la que es objeto por parte de sus padres. De hecho, la sentencia considera en su fundamento de Derecho Tercero que, si bien: " El primer episodio, el de la crisis de vértigo, constituiría un flagrante caso de incumplimiento de las cargas (puesto que no son controvertidas ni la llamada de la madre ni la negativa de la hija) si se tuviera constancia de que efectivamente existió la crisis, tajantemente negada en la contestación a la demanda. Sin embargo, la prueba practicada no permite tener por cierto el vértigo, por los siguientes motivos: A) Dada la estrechísima vinculación entre los padres y su hijo Don Jesus Miguel , a lo que hay que unir el evidente interés que tiene en el resultado del pleito y la mala relación que ha admitido mantener con su hermana, no resulta prudente atribuir gran credibilidad a su testimonio, en especial si sus manifestaciones no se ven corroboradas por algún otro indicio objetivo. Este reviste particular importancia puesto que esta testifical es el único medio de prueba de que en verdad se produjera la crisis de vértigo. B) Ni uno solo de los restantes testigos, ya vecinos, ya parientes bien aportados por la parte actora, bien aportados por la demandada, tiene conocimiento del supuesto trastorno, lo cual no deja de sorprender si se sopesa que, en la demanda, se aduce que el codemandante tuvo que permanecer doce días sin salir de casa. C) Resulta de singular importancia1 en virtud del principio de facilidad probatoria contemplado por el art. 217.6 de la Ley de Enjuiciamiento Civil , que la parte demandada haya prescindido de aportar prueba documental, o de interesar que se requiriera su aportación relativa al tratamiento médico que, según se ha admitido en la vista de juicio, recibió Don Javier , incluida visita del facultativo a su propio domicilio. Una actuación médica como esta forzosamente deja traza documental y, aun en el supuesto de que los actores hubieran extraviado los documentos, no hubiera revestido dificultad alguna solicitar su aportación al establecimiento sanitario correspondiente (arts. 330 y ss. de la Ley de Enjuiciamiento Civil ) o, sencillamente, interesar del mismo que facilitara la información conforme al art. 381 de la Ley de Enjuiciamiento Civil . Esta ausencia de soporte documental denota la inexistencia de la actuación médica señalada por los demandantes y, a su vez, de la inexistencia de esa actuación médica a la que han aludido los demandantes puede colegirse que no hubo crisis de vértigo. ".

La Sala no puede compartir la interpretación judicial de tales hechos, en la medida en que, al margen de las dudas que pueda dar la prueba en orden a la mayor o menor objetividad de esa crisis de vértigo y de su alcance o gravedad, lo cierto es que resulta pacífico, por no ser discutido en primera instancia -y tampoco ahora en la alzada- y así lo recoge la sentencia apelada, que: " no son controvertidas ni la llamada de la madre ni la negativa de la hija" . Resultando para la Sala claro que la obligación de la hija era acudir para interesarse por el estado de su anciano padre, y ello al margen de la mayor o menor relevancia clínica o somática de su padecimiento; apareciendo incluso como tal el natural proceder de una hija ante una llamada de estas características por parte de sus padres, por lo que más aún, si cabe, debió haberlo sido para la demandada, quien había recibido de sus padres donaciones de cuatro inmuebles -dos de ellos del padre cuya asistencia era requerida-, habiendo contraído como consecuencia de las mismas unas obligaciones de naturaleza civil consistentes en: "... de asistir y cuidar a su padre donante, en el supuesto de que la edad avanzada del mismo o su estado de salud lo requiriera, ...", así como de "...servir a sus padres donantes durante toda la vida de los mismos, por parte iguales. ". Por lo tanto, se considera por el Tribunal que, en este primer suceso, la conclusión de la sentencia de instancia queda cautiva en el impropio origen del argumento defensivo, al apreciarse en todo momento en autos la ausencia en la donataria de la buena disposición que debió haber mostrado en el cumplimiento de la obligación para la que fue puntualmente requerida. Buena disposición que debió haber estado por encima, cuando menos " a priori ", de la mayor o menor objetivación de la dolencia paterna y de las opiniones de vecinos o familiares sobre el alcance de la misma, las cuales fueron más valiosas para la obligada de lo que lo fueron las de su acreedor, quien, no ya por la enfermedad, sino incluso por la mera edad avanzada era merecedor de la atención de su hija. Aconteciendo que la donataria se persuadió de la no necesidad del cumplimiento de su obligación sin siquiera comparecer y conocer " in situ " el alcance de los padecimientos de su padre, escudando ahora en formalidades probatorias de ausencia de certificados médicos el cumplimiento de un deber de asistencia a su padre, ya entonces anciano, para el que debieron primar otras miras más elevadas e inherentes a la propia naturaleza del contrato donacional. Sin que siquiera se de razón en autos, no ya probatoria sino argumental, de que acontecimientos reiterados anteriores hubieran dado justificado lugar a la presunción de la no necesidad de asistir al padre, de la que dio traza la demandada en esta primera y puntual llamada que se somete ahora a la consideración judicial. Por lo tanto, considera la Sala que de todo ello se deriva un incumplimiento de la obligación de la demandada, así como una evidente mala disposición al cumplimiento de las obligaciones que, como donataria, no ya como hija, asumió la hoy apelada. Conclusión no estorbada, como se ha anticipado, por el hecho de que no exista prueba concluyente de alcance médico de la dolencia paterna, pues si bien no obra prueba de la misma, tampoco obra en autos acreditación de que fuera todo ello un artificio o farsa (como pretende la representación procesal de la parte demandada-apelada cuando la califica de "pura falacia" dirigida a obtener una causa de resolución de las donaciones), la cual, ni puede presumirse (su prueba correspondía a la demandada), ni tendría razón de ser, pues del eventual cumplimiento de la hija de su deber de asistencia se hubiera derivado precisamente lo contrario, es decir, una buena disposición de ésta al cumplimiento de sus obligaciones contractuales que la hubieran consolidado en su condición de legítima donataria, y, además, el posterior largo plazo (varios años) para la interposición de la demanda y la pasividad de la donataria, muestran también la poca solidez que cabe dar al referido argumento del artificio, al no seguir los acontecimientos un desarrollo temporal predeterminado ni lógico en orden a la consecución de dicho fin. Todo ello sobre la base de que, habida cuenta de la ausencia de la donataria, contractualmente obligada, en el momento y lugar para el que fue requerida, en defecto de prueba solvente sobre la apuntada ficción del llamamiento, sitúan el debate probatorio a favor de la parte actora, que cubre su responsabilidad con acreditar el aviso (art. 217.2 LEC ), sin que la demandada acredite su invocación, es decir, la improcedencia o capricho en el mismo (art. 217.3 LEC ). Téngase presente además que ambos documentos donacionales vinculaban a la demandada a cuidar al padre, no ya en la enfermedad, sino también en la vejez, y cuando la hija fue requerida para asistir a su padre éste ya era octogenario.

A mayor abundamiento, el alegato, invocado por la defensa de la parte demandada y acogido en la sentencia de instancia, de que, más que un incumplimiento de la demandada de prestar su servicio a los padres, lo fue de estos por no desear realmente tal prestación, no se corresponde, no ya con el hecho, antes anticipado, de que la realidad probatoria muestra que en del referido episodio se llamó a la hija (poniéndose así a ésta en disposición de cumplir sus deberes), sino que tampoco cuadra con el hecho de que, en las dos primeras contestaciones notariales de la hoy demanda a los requerimientos resolutorios de sus padre, no se hizo constar que fueran los padres quienes no aceptaran o imposibilitaran la asistencia por parte de la hija (ver contestación obrante a los folios 45 y ss. de autos -acta notarial de notificación de 15.1.07-), pese a que esos requerimientos tuvieron lugar dentro del periodo de los siete años de inactividad asistencial por parte de la donataria (lo que es aceptado por la propia parte demandada). Periodo de inactividad que, ahora en autos, se pretende excusar principalmente con tal alegación defensiva.

Recapitulando en lo antedicho, no ha de dejarse de tener presente que la demandada era la persona que, como beneficiaria de la donación de la nuda propiedad de las fincas que le realizaron sus padres, debía cumplir con predispuesta diligencia, y no con el recelo declarado y mostrado en autos, con la serie de condiciones que le fueron impuestas como contrapartida de dichas donaciones. Era, por tanto, la demandada-deudora quien debía preocuparse de cumplir la condición que constituía su contraprestación a la donación onerosa. De modo que, en todo caso, y volviendo al episodio de los vértigos, sólo una vez que hubiera sido intentada cumplir la obligación, hubiera podido la obligada, caso de ser claramente inexistente a la sazón la exigibilidad de su cumplimiento, sostener con autoridad tal falta de necesidad o su inadecuación a los requisitos inherentes a las obligaciones contractuales contraídas, sin poder dejar tal cuestión al albur de sospechas, presunciones u opiniones de terceros, por ser inherente a la propia naturaleza personal y familiar del contrato de autos una disponibilidad y buena fe que, sin embargo, aparecen siempre ausentes en el proceder de la demandada.

TERCERO .- Considera también la sentencia de instancia, en su Fundamento de Derecho Quinto, que tampoco el episodio del hospital se resulta constitutivo de incumplimiento de la carga susceptible de dar lugar a la revocación de la donación, razonando al respecto que: "...Aunque es cierto que una visita fugaz es mucho menos de lo que exige el compromiso de cuidar, asistir y servir, no puede soslayarse lo siguiente: A) A la donataria ni tan siquiera se le informó de su padre iba a ingresar en el centro hospitalario (tuvo noticia de ello por terceros), y huelga decir que tampoco se le pidió, ni directa ni indirectamente, que prestara ninguna ayuda. Esta actitud no es propia de quien quiere recibir auxilio (cabe esperar que, al menos, ponga al corriente de la situación de necesidad a quien debe dispensar los cuidados) sino, por el contrario, de quien no lo quiere por razones de enemistad. B) En caso de haberse empecinado la demandada en hacer compañía a su padre, es evidente que, en lugar de servir de ayuda, hubiera dado lugar a una situación de extraordinaria tirantez desaconsejable para el propio enfermo. Muestra clara de ello es que, durante la visita, madre e hija no se cruzaron palabra, ni para saludarse. Por otro lado, tampoco puede pasarse por alto que la necesidad que se podía tener de los servicios de la demandada no era muy acusada ya que no pernoctaba en el hospital ningún acompañante. "

Sin embargo, entiende la Sala que la motivación realizada en el Fundamento Jurídico Segundo de esta sentencia son reproducibles, asimismo, en relación a este episodio del ingreso hospitalario del Sr. Javier , no siendo de recibo el carácter decisivo que proyecta sobre el reproche judicial: " A la donataria ni tan siquiera se le informó de su padre iba a ingresar en el centro hospitalario (tuvo noticia de ello por terceros), y huelga decir que tampoco se le pidió, ni directa ni indirectamente, que prestara ninguna ayuda"; por cuanto que es evidente que, tras el impropio comportamiento de la hija en el llamamiento anterior, sí realizado expresamente a ella por su madre, eran los padres, y no la hija, los que tenían razones para estar molestos, no ya como padres, sino como donantes de un importante patrimonio inmobiliario respecto del cual la donataria, no sólo no había cumplido sus compromisos contractuales, sino que había mostrado una evidente voluntad de distraer su cumplimiento. En cualquier caso, y en la misma línea de actuación anterior, una vez enterada la hija de ese ingreso hospitalario del padre, perdió nuevamente la oportunidad de mostrar la voluntad de cumplir sus obligaciones, pues no se aprecia en ella sino un proceder distante frente a la situación de su padre, en modo alguno próximo al comportamiento natural de una hija, y mucho menos de una hija comprometida contractualmente como donataria sometida a condición. Sin que para ello fuera excusa la invocada indisposición de la madre para con la hija, la cual (además de poder presentar razón de ser, al haber sido anterior en el tiempo el incumplimiento analizado en el Fundamento Jurídico anterior), no impedía en modo alguno la dedicación y ayuda al padre, persona anciana e ingresada en el hospital, debiendo haber estado en esos momentos la vocación personal y contractual de una hija por encima de rencores; precisamente, por ser estas ocasiones las que ayudan a superarlos. Por consiguiente, considera la Sala que con la visita que hizo la hija al padre, que ésta misma declaró en el interrogatorio que lo fue por diez minutos y que la propia sentencia califica de "visita fugaz" ( añadiendo el Magistrado-Juez que "...es mucho menos de lo que exige el compromiso de cuidar, asistir y servir..."), la hoy demandada no cumplió en absoluto sus obligaciones, ni justifica en autos una indisposición paterna excluyente de tales deberes, no derivándose de las propias declaraciones de la hija que fuera ésta rechazada por su padre. Y sí derivándose, nuevamente de lo actuado, una falta de disposición de la demandada al cumplimiento de sus deberes contractuales. Todo ello, bien entendido que no cabe invocar que la enfermedad del Sr. Javier no debía ser tan grave cuando podía quedarse sólo por las noches, pues en la obligación contractual contraída por la donataria en 1985 no se hace ninguna referencia a la necesidad de que, para tener que ejecutar su obligación, haya de tratarse de afecciones graves de la salud; y, en cuanto a las donaciones de 1995, en ellas ni siquiera se hace referencia a enfermedades, siendo obligación de la demandada asistir a sus padres siempre, por lo que, con más motivo debió de haber sido atendido el padre en caso de enfermedad, aunque hubiera sido leve.

Corolario de todo ello es, además, que se da, en lo acreditado en autos, razón de ser al posterior comportamiento de los donantes, hoy actores, de que no llamaran a la hija para pedirle que fuera nuevamente a prestar cuidados a los padres, lo cual, desde luego, no implica que si la donataria hubiera cambiado su proceder y hubiera mostrado una voluntad clara de asistir adecuadamente a sus padres -de lo que no hay prueba alguna en autos-, estos bien hubieran podido recibir con complacencia los cuidados o asistencias de la demandada. Teniendo que haber sido la demandada, Sra. Salome , la que, tras los dos citados episodios de incumplimiento, hubiera debido cambiar y exteriorizar un proceder distinto, y no al revés. Por lo que los siete años de incomunicación posterior, en la que la demandada dice haber tenido conocimiento de la situación de sus padres a través de familiares, no acredita sino la desidia de ésta en el cumplimiento de sus obligaciones, pese a la progresiva vejez de sus padres. No siendo, por lo expuesto, tal pasividad en el contacto durante dicho plazo favorable tampoco a los intereses de la demandada.

Por lo tanto, la Sala no comparte la conclusión de la sentencia de instancia cuando afirma que la demandada no ha podido cumplir con la carga impuesta por causa ajena a ella e imputable a los donantes, pues tal conclusión estaba pendiente de prueba inequívoca de la demandada, por así ordenarlo el número 3º del art. 217 LEC , la cual no cumplió tal encomienda acreditativa, pues la prueba aportada no resulta solvente para apoyar tal conclusión, por lo que, como afirma la parte apelante, la resolución judicial no debió: "...convertir un negocio oneroso como la donación modal en un negocio gratuito, habiendo variado la causa del mismo, de causa onerosa a causa gratuita, puesto que ha exonerado a la demandada del cumplimiento de la condición impuesta en base a un hecho del todo ajeno al cumplimiento de la condición, la existencia de malas relaciones entre los contratantes... ".

CUARTO .- Redundando en lo antedicho, debe tenerse además presente que la indisposición entre las partes parece haber surgido hace unos siete años (no se niega propiamente en la demanda, se admite por la demandada y no se cuestiona tampoco en la alzada por la parte apelada que la demandada no visita a sus padres desde dichas fechas -salvo el episodio hospitalario y el puntual de presentación de una nieta-, pese a ser ello referido en la sentencia y reiterado por la apelante), habiendo abonado tal indisposición una denuncia penal -de la que obra en autos una parte aportada por la demandada-, derivándose de la declaraciones de ésta que tal problema surgió a raíz de un enfrentamiento con el hermano de la demandada y con la madre, por no ser ésta afín al marido de la demandada. Pero todo indica que el origen del problema, o, al menos una de sus principales manifestaciones, surge sobre la base del inmueble rústico, no afectado por la donación condicional, en el que la hoy demandada y su marido realizaron una serie de obras que, según dice en la contestación, explotan ahora sus padres al haberlas arrendado a unos alemanes; pero lo cierto es que en tal conflicto tampoco están claras las razones de la demandada, pues el usufructo de esa finca lo mantenía el padre. Así las cosas, y si bien tal enfrentamiento, en la medida en que llegó a los Juzgados, puede justificar un distanciamiento entre las familias, lo que no justificaba jurídicamente, desde luego, era una exoneración de la demandada respecto del cumplimiento de las obligaciones modales que, con carácter legal, no familiar ni moral, le obligaban en orden "... asistir y cuidar a su padre donante, en el supuesto de que la edad avanzada del mismo o su estado de salud lo requiriera, ...", así como de " ...cuidar y servir a sus padres donantes durante toda la vida de los mismos, por parte iguales. ". Obligaciones de cuyo cumplimiento por la demandada, por la indisposición o sin ella, lo cierto es que no obra traza alguna destacable en autos, a lo más una visita hospitalaria impropia de ser considerada cumplimiento, al no ir acompañada de más atenciones. Así como tampoco obra en autos prueba alguna de cualquier buena disposición de la demandada en orden al adecuado cumplimiento de una obligación que, por su propia naturaleza, requería precisamente de unas atenciones especiales, sobre todo al paso de los años, siendo los actores personas ya ancianas, pues cuentan hoy con 86 años el padre y 81 años de edad la madre. Todo lo cual muestra que, pese a su ancianidad, la demandada no acredita atención con sus padres, y no ya en estos últimos 7 años, en los que ni siquiera se comunica con ellos (teniendo a gala, no obstante, estar al día de su situación a través de los parientes), sino que tampoco se prueba que antes se hubiera procedido a llevanza alguna de tales atenciones, pese a que fueron comprometidas en las donaciones otorgadas.

Finalmente, dice también la sentencia al folio 5 y 6, que " Por lo demás, está claro que la acritud no deriva del incumplimiento de las cargas puesto que éste es posterior a las primeras manifestaciones de la discordia (por ejemplo, la ya aludida expulsión del inmueble) ", pero lo cierto es que en la fecha en que se produjeron las denuncias (año 2003), el padre contaba ya con 78 años y la madre con 73, de modo que era ya momento para que los padres merecieran los cuidados y servicios que, como donantes y durante toda su vida (especialmente, por tanto, en su vejez) tenían comprometidos por su hija al aceptar la donación. Por lo que tampoco es atendible tal razón de la sentencia, relativa a que la acritud de los padres no pudiera traer razón del propio incumplimiento de las cargas, o, cuando menos, de la mala disposición de la hija para tal cumplimiento. Considerando la Sala que el principio de distribución de la carga de la prueba conduce a conclusión distinta de la alcanzada en la sentencia, por cuanto que, probadas por los actores las donaciones, el carácter oneroso de éstas y la llamada a la demandada para el cumplimiento del modo, el cual, por otro lado, en la medida en que en todas las donaciones quedaba incluido el cuidado de los donantes durante la vejez, por lo que no requería de especiales requerimientos por parte de estos para el cumplimiento -sobre todo al alcanzar la ancianidad-, era la demandada la que debió acreditar una intención favorable al cumplimiento de sus obligaciones y una imposibilidad inequívoca de llevarlas a cabo. Cuando es evidente que, por el contrario, en las dos ocasiones que se le presentaron y obran analizadas en autos, su voluntad no sólo no fue clara en tal sentido, sino que todo evidencia precisamente lo contrario. Y, desde luego, al margen de esos dos supuestos y como dice finalmente la propia sentencia de instancia en el Fundamento Jurídico último, no se dispone de pruebas de la insistencia por parte de la hija en el cumplimiento de sus deberes contractuales. Los cuales, se reitera por la Sala, exigían una disponibilidad y compromisos por encima incluso de los deberes propios de un buen hijo, de los que los autos no dan prueba alguna.

Por lo tanto, probada la donación modal y estando acreditado el incumplimiento del modo, pues se justifica en autos la desatención en la enfermedad de los donantes (tampoco atendió la demandada a su madre tras ser operada ésta de los ojos), y, desde luego, en la vejez de estos, lo que cubre la responsabilidad probatoria actora ex art. 217.2 LEC , y habida cuenta de que no cumplimenta la demandada su pretensión de que su notoria falta de atención a los padres, no ya en cuanto tales, sino en cuanto donantes modales de una serie de inmuebles, tuviera cumplida excusa en una negativa de estos a ser por ella atendidos, como hubiera correspondido ex art. 217.3 LEC , ello conduce a la revocación de la sentencia y a la estimación de la demanda ex artículo 647 del Código Civil . ÚLTIMO.- Al estimarse el recurso de apelación no ha lugar a hacer pronunciamiento alguno en cuanto a las costas procesales devengadas en esta alzada, mientras que las derivadas de la primera instancia han de ser impuestas a la parte demanda al ser finalmente estimada la demanda; todo ello en aplicación de los artículos 398 y 394 de la Ley de Enjuiciamiento Civil .

VISTOS los preceptos legales citados, concordantes, y demás de general y pertinente aplicación.


FALLAMOS


QUE ESTIMANDO EL RECURSO DE APELACION interpuesto por Dº Javier y Dª Inés , y en su representación el/la Procurador/a de los Tribunales Dº/ª Luís Enríquez de Navarra, contra la sentencia dictada por la Ilma. Sra. Magistrada-Juez del Juzgado de Primera Instancia número 22 de Palma en fecha 18 de octubre de 2010 en los autos de juicio ordinario en ejercicio de acción de revocación de donaciones, seguidos con el número 596/10, de los que trae causa el presente rollo de apelación, DEBEMOS REVOCARLA, ACORDANDO EN SU LUGAR:

1) ESTIMAR la demanda interpuesta por Dº Javier y Dª Inés , contra Dª Salome , y en su representación el/la Procurador/a de los Tribunales Dº/ª Alejandro Silvestre Benedicto;

2) DECLARAR que la demandada ha incumplido las condiciones de las donaciones efectuada en las escrituras de 21 de enero de 1984 y 18 de diciembre de 1985 respecto de la finca urbana inscrita al tomo NUM000 , libro NUM001 , folio NUM002 , registral número NUM003 ; y en la escritura de 23 de febrero de 1995 respecto de las fincas rústicas inscritas como registrales números NUM004 , NUM006 y NUM007 ; fincas todas ellas referidas en el hecho primero de la demanda y sitas en el término municipal de Felanitx .

3) REVOCAR las donaciones efectuadas por los actores en virtud de dichas escrituras públicas y respecto de dichas fincas, reintegrándose la nuda propiedad de los bienes a los actores, y pudiendo estos proceder a cancelar la anotaciones practicadas en el registro de la propiedad por la demandada en virtud de dichas escrituras caso de haberse practicado las mismas.

4) CONDENANDO a la demandada a estar y pasar por tales declaraciones.

5) Se imponen a la parte demandada las costas devengadas en primera instancia.

6) No se hace pronunciamiento en cuanto a las costas de esta alzada.

Recursos.- Conforme el art. 466.1 de la L.E.C. 1/2000 , contra las sentencias dictadas por las Audiencias Provinciales en la segunda instancia de cualquier tipo de proceso civil podrán las partes legitimadas optar por interponer el recurso extraordinario por infracción procesal o el recurso de casación, por los motivos respectivamente establecidos en los arts. 469 y 477 de aquella. Ambos recursos deberán prepararse mediante escrito en el plazo de cinco días a contar desde el siguiente a la notificación de la sentencia. No obstante lo anterior, podrán utilizar cualquier otro recurso que estimen oportuno. Debiéndose acreditar, en virtud de la disposición adicional 15ª de la L.O. 1/2009 de 3 de noviembre , el justificante de la consignación de depósito para recurrir en la cuenta de esta Sección cuarta de la Audiencia Provincial, nº 0494, debiéndose especificar la clave del tipo de recurso.

Así por esta nuestra sentencia, de la que se llevará certificación al Rollo de Sala, la pronunciamos, mandamos y firmamos.

Sr. Miguel Ángel Aguiló Monjo Sra. María Pilar Fernández Alonso Sr. Miguel Álvaro Artola Fernández

PUBLICACIÓN

Extendida y firmada que ha sido la anterior resolución por los Ilmos. Srs. Magistrados indicados en el encabezamiento, procédase a su no tificación y archivo en la Secretaría del Tribunal, dándosele publicidad en la forma permitida u ordenada por la Constitución y las leyes, todo ello de acuerdo con lo previsto en el artículo 212 de la Ley de Enjuiciamiento Civil . Doy fe.


José M. :

................................................................

José M. :

En todo caso, dado que tiene la donante derecho en base a sus ingresos a un abogado de oficio en jercicio de su derecho a la justicia gratuíta, le recomiendo que vayan al Colegio de Abogados de su provincia y soliciten abogado de oficio que ineterponga la oportuna demanda.

José M. :

Aún sabiendo que las opciones son reducidas, les puede interesar ir adelante y buscar que el juzgado les reconozca la pretensión

José M. :

Saludos

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